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Ayer se cumplieron 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial y aprovechando tan redondo aniversario les dejo algunas recomendaciones sobre libros, más o menos generales, sobre dicho conflicto o alguna de sus partes. En mi opinión los tres primeros son buenos puntos de partida para aquellos que quieran conocer la Segunda Guerra Mundial de manera general pero con algo de profundidad.

La Segunda Guerra Mundial: 1939-1945 La Segunda Guerra Mundial La tormenta de la guerra Memorias, de Albert Speer Crónica del Tercer Reich, de Richard Overy HHHH Hitler Berlín, la caída Cartas de la Wehrmacht: La segunda guerra mundial contada por los soldados

Y me permitirán añadir a esta lista una última línea con el libro de Curistorias de la Segunda Guerra Mundial, en torno al cual habrá alguna sorpresa muy en breve.

Curistorias de la segunda guerra mundial contada por los soldados

Willie, esperando junto a las pertenencias de Patton
(Willie, esperando junto a las pertenencias de Patton)

El general George S. Patton es uno de los personajes más famosos de la Segunda Guerra Mundial, en parte gracias a la película de hace ya unos años, aunque también es cierto que tuvo una vida digna de una película. Pero hoy no será él el centro de la curistoria, sino su mejor amigo, al menos si hacemos caso al dicho.

Su mejor amigo en realidad fueron varios. Poco después de la Primera Guerra Mundial Patton regaló a sus hermanas, Beatrice y Ruth Ellen, un perro de raza bull terrier al que bautizaron como Tank. A pesar de que el pobre animal se quedó sordo como una tapia, acudía cuando lo llamaban sus dueñas dando golpes en el suelo y corría hacia la puerta de casa cuando Patton llegaba, sabiendo antes que nadie que esto iba a ocurrir. El buen olfato, supongo.

Patton y Willie
Pero si tuviéramos que elegir a uno de esos amigos, a uno de esos bull terrier amigos de Patton, el seleccionado sería Willie. El general se hizo con él el 4 de marzo de 1944 y recibió su nombre como homenaje a Guillermo El Conquistador. El perro seguía a Patton allá donde este fuera y parece que el cariño era mutuo, a juzgar por las palabras que le dedicó el general en su diario. Cuando Patton volvía al campamento tras una ausencia, el animal se volvía loco de contento y armaba un gran jaleo.

Como sabrán, Patton falleció en Europa en diciembre de 1945 debido a un accidente de tráfico, pocos meses después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Willie fue entonces enviado al hogar del general en Estados Unidos donde residía la ya viuda de Patton. La foto que encabeza esta entrada, triste foto, muestra al pobre Willie junto a las pertenencias del fallecido general Patton, listas ya para ser enviadas de vuelta a su hogar.

Estatua de PAtton y Willie en el General Patton Memorial Museum

(Estatua de PAtton y Willie en el General Patton Memorial Museum)

Beethoven de niño

(Beethoven de niño)


Bendita televisión cuando es capaz de emitir un programa en el que dos científicos, o como mínimo dos personas inteligentes, discuten sobre algo de interés. Acostumbrados al estercolero habitual, casi parece ciencia-ficción. Pero no, en un programa de televisión juntaron una vez a Jacques Monod y a Jérôme Lejeune y estos se enzarzaron en una discusión sobre la vida y el derecho a la misma.

Lejeune, nacido en París en 1926, fue un médico genetista que identificó como causa del síndrome de Down la existencia de un cromosoma de más, y no fue este su único descubrimiento. Católico, defendía pública y de manera vehemente el derecho a la vida por encima de todo. Monod era biólogo, también francés, y nacido en 1910. Lógicamente sus posiciones eran encontradas en el debate televisivo. En un momento determinado Lejeune le dijo a Monod:

Suponga usted cómo saldría el quinto hijo de una mujer tuberculosa y un hombre sifilítico, teniendo en cuenta que el primero nació ciego, el segundo murió al nacer, el tercero salió sordomudo y el cuarto tuberculoso.

Monod contestó:

En ese caso yo optaría por hacer abortar a la madre antes de que diera a luz al quinto.

Y la respuesta, preparada desde el primer momento por Lejeune fue:

En ese caso habría usted acabado con Beethoven, amigo mío.

Fuente: Anécdotas de la historia, de Pancracio Celdrán

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El término “Tercer Mundo” ha evolucionado desde su origen hasta la actualidad, de manera que el uso que se daba cuando surgió en poco se parece al actual.

El creador del mismo fue un economista francés, Alfred Sauvy, que lo utilizó por vez primera en un artículo que escribió para el periódico francés “L’Observateur” el 14 de Agosto de 1952, titulado “Tres mundos, un planeta”.

Hace referencia por tanto a la existencia de tres mundos en un contexto en el que aparentemente existían 2, que eran los que se mostraban partidarios del sistema capitalista y de Estados Unidos, o los que estaban del lado comunista y de la Unión Soviética en plena época de la “Guerra Fría”.

Surge de este modo un grupo de países no alineados con estas políticas que Sauvy los compara con el tercer estado de la Revolución Francesa, es decir, al margen de los 2 grupos principales que parecen dirigir la revolución, y en este caso el mundo.

Estos países son antiguas colonias de las principales potencias europeas en su mayoría (exceptuando a Yugoslavia, entre otros), que obtuvieron su independencia poco tiempo atrás; y que no pretenden formar parte de ninguno de los dos bloques existentes, sino agruparse para ofrecer una alternativa a la bipolarización del mundo.

El “primer mundo” estaría formado por los países del entorno capitalista y de Estados Unidos, con altos niveles de industrialización; el “segundo mundo” sería el bloque de los países del entorno comunista y soviético, que rechazaban el modelo de producción capitalista; y el “tercer mundo” sería esta amalgama de países que no se alineaban con los anteriores bloques.

Por tanto observamos como desde su origen, el término “Tercer Mundo” ha tenido unas connotaciones políticas, económicas y sociales; aunque varían tras la caída de la Unión Soviética, pues el denominado “segundo mundo” desaparece y por tanto el término deja de tener el sentido con el que fue creado; pasando a utilizarse para definir a los países empobrecidos, en vías de desarrollo o que ocupan una posición periférica en lo que a geopolítica se refiere, y que se caracterizan principalmente por altas tasas de analfabetismo, deficiencias sanitarias, crítica situación económica (principalmente debida a la deuda externa), hambre, etc…

Actualmente ha surgido también el término “Cuarto Mundo” para definir a determinados países y ciertos estratos de la población de los países del primer mundo.

La historia de Margaret Ann Bulkley es la historia de la renuncia a una identidad por cumplir el sueño de una vida.

Con la connivencia de su familia, Ann pasó a llamarse James Barry, adoptando una identidad masculina para poder dedicarse a la medicina (algo imposible para las mujeres de la época).

Nacida en Belfast a finales del siglo XVIII, se doctoró en medicina en la Universidad de Edimburgo, especializándose en cirugía.

Pronto demostró su valía como médico en el ejército británico, lo que hizo que durante sus años de profesión recorriese gran parte del Imperio británico.

En 1815 fue destinado a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, donde llegó a ostentar el puesto de médico personal del gobernador.

En África desarrolló parte de su carrera profesional, considerándosele como el primer médico que logró hacer una cesárea en ese continente con éxito; algo que no era de extrañar, conociendo la meticulosidad y seriedad con la que se tomaba su trabajo (algo normal debido a todo a lo que tuvo que renunciar para conseguirlo).

Realizó investigaciones sobre la sífilis, una de las enfermedades que más mortalidad causaba en la época; así como propuso innovaciones en el campo de la higiene, para prevenir por ejemplo infecciones postoperatorias, que causaban casi tantas muertes como las enfermedades en sí.

Su carácter enérgico y estricto le granjeó no pocos enemigos que trataban de desprestigiarle a toda costa, pero aún así logró obtener el puesto de Inspector General de Hospitales, lo que dice mucho a favor de su tremenda valía profesional.

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Margaret Ann Bulkley a la izquierda de la imagen.

Pero en 1845, en Crimea, contrajo la fiebre amarilla, de la que nunca se curó del todo y cuyas secuelas le causaron la muerte el 25 de julio de 1865.

Tras su muerte fue cuando se desató el escándalo, pues al lavar su cuerpo para enterrarlo se descubrió que el afamado doctor no era tal, sino una mujer (que incluso parece ser dio a luz durante su vida).

Pese a los intentos oficiales de ocultar tal “hallazgo” la noticia saltó a los medios de comunicación, escandalizando a la puritana sociedad británica.

Finalmente se enterró bajo el título de doctor y el nombre de James Barry, tratando de silenciar el hecho de que uno de los más insignes médicos británicos fue una mujer y no un varón, como se creyó durante más de 40 años.

Lista basada en un poema griego en el que se resaltan estas maravillas, si bien entre la que actualmente se maneja hay una diferencia, pues en la original aparece la “Puerta de Istar”, sustituida hoy día por el “Faro de Alejandría”.

Las 7 maravillas son por tanto:

1) Gran pirámide de Giza (alrededor 2570 a.C.); única maravilla del mundo antiguo que se puede contemplar en la actualidad. Pertenece a la famosa triada de pirámides construidas en Giza y dedicadas a Keops, Kefren y Micerinos. La de Keops es la de mayor tamaño e importancia.

2) Jardines colgantes de Babilonia (entre 605 y 562 a.C:); regalo de Nabucodonosor II a su esposa, para que recordase las montañas de su tierra natal. Construcción en piedra con balcones de los que sobresalían árboles y plantas.

3) Templo de Artemisa (alrededor 550 a.C.); construido en Éfeso y destruido en un incendio provocado por Eróstrato. Fue reconstruido y vuelto a arrasar, esta vez por los godos.

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4) Estatua de Zeus (430 a.C.); realizada por Fidias con planchas de oro y marfil. Alcanzó los 12 metros de altura.

5) Mausoleo de Halicarnaso (350 a.C.); construido por Artemisa para su esposo. Llegó a tener algo más de 40 metros de altura, con más de 400 estatuas y cientos de columnas. Fue reducido a ruinas por la acción de un terremoto.

6) Coloso de Rodas (alrededor del 292 a.C.); estatua del dios Helios de 30 metros de altura y que se situaba sobre dos pedestales de algo más de 10 metros de altura y que servían de entrada al puerto de Rodas. Las embarcaciones se orientaban con esta figura, entrando al puerto bajo las piernas del coloso.

7) Faro de Alejandría (285-245 a.C.); construcción octogonal de aproximadamente 134 metros de altura situada en la isla griega de Pharos. Para su construcción se utilizó mármol y vidrio. Servía como señal de navegación. Un terremoto lo destruyó y sus restos fueron reutilizados en la construcción de una fortaleza.

El 27 de junio de 1880 en Tuscumbia (Alabama, Estados Unidos) Helen Keller; escritora, oradora y activista política sordo-ciega.

Autora de obras como “Luz en mi oscuridad”, “La historia de mi vida” y “El mundo en el que vivo”, fue una luchadora incansable por la justicia social y derechos de los oprimidos.

Sus “especiales” condiciones y los logros que obtuvo sirvieron de inspiración para la sociedad de la época, que veía en ella el ejemplo claro de la lucha por unos objetivos más allá de las barreras que se pudieran presentar.

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Eróstrato o Heróstratos según la fuente consultada, pasará a la historia como el “loco” que quemó el templo de Artemisa en Éfeso (una de las 7 maravillas del mundo antiguo), únicamente por alcanzar notoriedad y que su nombre fuese recordado más allá de su época.

Era un pastor corriente, aunque declaraba que era hijo del fuego, lo que hizo que fuese rechazado varias veces en sus intentos de ser sacerdote de dicho templo.

Su vida giraba en torno al mismo, estaba obsesionado, y cuentan las fuentes que incluso dormía en una cueva excavada en una ladera desde la cual se podía contemplar perfectamente el templo.

Y llegó el 21 de julio del año 365 a.C. y en una noche sin luna logró entrar en el templo burlando a los guardias, cogiendo una de las antorchas del mismo y prendiendo fuego a la estatua de la diosa, un fuego que rápidamente se extendió por todo el templo.

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Eróstrato fue capturado por los guardias, atado y confinado en un lugar seguro; donde posteriormente fue torturado hasta que confesó la causa por la que hizo tal acto.

Esta causa no era otra que alcanzar notoriedad, que su nombre apareciese en la historia y perdurase más allá de los años; de manera que Atajerjes prohibió que su nombre fuese no sólo escrito o grabado, sino que se le pusiese a cualquier recién nacido, para así evitar que se cumpliese el deseo de Eróstrato. En caso de desobedecer este mandato, el infractor pagaría con su vida tal osadía.

Pero Atajerjes no consiguió su propósito, pues su nombre ha pasado a la historia, incluso definiendo un complejo que tienen ciertas personas por el que ansían lograr fama y notoriedad aunque sea negativa, es decir, aunque sea haciendo el mal o cometiendo actos deplorables.

Lawrence Oates
(Lawrence Oates)

Lawrence Edward Grace Oates fue uno de aquellos hombres míticos que se dejó la vida en la carrera por alcanzar el Polo Sur. Fue uno de los hombres que acompañaron a Scott en su desgraciada pero épica aventura. Mejor dicho: Aventura.

Británico nacido en 1880, su vida fue de esas que se ganan a pulso una biografía escrita, y ello a pesar de haber fallecido en 1912, siendo aún muy joven. En el viaje con Scott, una vieja herida de guerra comenzó a hacer mella en su salud y el frío, el hambre, el agotamiento y la enfermedad acabaron con él. No le gustaba Scott y estaba en desacuerdo en muchas cosas con él, pero a pesar de todo lo siguió.

Como todos sabrán, la expedición de Scott había llevado al Polo con la decepción de encontrar allí hondeando la bandera noruega de Amundsen, perdiendo la carrera por ser el primero. La vuelta, tras esto, fue aún más dura. Murieron varios y Oates se convirtió poco a poco en un lastre para el resto de los hombres. El 17 de marzo de 1912, el mismo día que cumplía treinta y dos años, decidió acabar con todo y dejar de ser una carga para el resto.

Scott recogió en su diario cómo fue aquella mañana, y gracias a ello conocemos la historia. Scott moriría poco después, sin volver del Polo. Las últimas palabras de Oates fueron épicas, como pensadas precisamente para un perfecto colofón a una gran biografía. Abandonó la tienda de campaña camino a una muerte segura diciendo:

Voy a salir y puede que tarde un rato.


Hace unos días recibí en casa el último número de la revista de Taschen, una de mis editoriales favoritas. En la revista, entre otras obras interesantes, hablaban de la edición, a la venta desde esta semana, de una caja con 4 volúmenes sobre la película 2001: una odisea del espacio, de Kubrick. Ya hace un tiempo les hablé de la maravilla sobre la película, nunca llevada a la realidad, que diseñó Kubrick durante años en torno a la figura de Napoleón. Se trata de algo similar para esta película histórica, que, según el artículo, comenzó a ser filmada ahora justo hace 50 años, en la primavera de 1964.

Y llevado por ese artículo de la revista, he pensado que algunos de los robots clásicos de la historia del cine, anteriores a Hal 9000, merecerían una entrada. Seguramente no están todos los que son, pero sí son todos los que están. Desde la icónica María de Metropolis, que data de 1927, hasta la inteligencia de 2001;una odisea del espacio, de 1968.

María 1927 – Metropolis

Gort 1951 – Ultimátum a la tierra

Ro-Man 1953 – Robo Monster

Chani 1954 – Devil girl comes from Mars

Tobor 1954 – Tobor El Grande

Robbie 1956 – Planeta prohibido

Hombres de Neptuno 1961 – La invasión de los hombres de Neptuno

Dalek 1965 – Dr. Who y los Daleks

B9 1965 – Perdidos en el espacio

Astro Boy 1962 – Astro Boy

Hal 9000 1968 – 2001: una odisea del espacio